El sacrificio de José María Giménez para llegar a la élite

El sacrificio de José María Giménez para llegar a la élite

Giménez estuvo a punto de retirarse con 16 años cuando estaba en Danubio. Una vida llena de sacrificios para conseguir ser uno de los defensas jovenes más prometedores del fútbol europeo

Gimenez disputando un balón en Champions / Atlético de Madrid

Giménez se ha convertido con tan sólo 23 años en uno de los grandes exponentes de los valores del Atlético de Madrid. Su madurez, a pesar de su corta edad, es una de sus características principales. Una cualidad que lo ha convertido en un auténtico líder del equipo, tanto en el terreno de juego como en el vestuario. Más allá de su carácter, su rendimiento está fuera de toda discusión. Un nivel actual que ha conseguido a base de sacrificio, esfuerzo y constancia desde su niñez en Uruguay.

José María Giménez nació el 20 de enero de 1995 en Toledo, ciudad del departamento de Canelones, Uruguay. Sus inicios en el mundo del fútbol fueron en el equipo de su localidad natal. Como muchos otros niños de América Latina, nació con un balón debajo del brazo. A los 10 años realizó una prueba en Club Atlético Peñarol, equipo de la ciudad de Montevideo y uno de los más importantes del país. Tras pasar media pretemporada con el equipo, el coordinador de las categorías inferiores en aquel año, Víctor Púa, le comunicó que no iban a contar con él.

Según comenta el propio Giménez, Púa le dijo: “No vas a jugar más al fútbol. No tienes condiciones”. La decisión fue una de las más duras de su vida. El niño que quería ser futbolista veía como su sueño se alejaba. Le habían cerrado la puerta de Peñarol y, además, no pensaban que podría llegar al máximo nivel. Esa decisión marcó la trayectoria del uruguayo. Ese día, entre lágrimas, juró que iba a demostrar a todo el mundo que podía ser futbolista profesional.

Su primer escalón sólido hacia la élite fue la incorporación a las categorías inferiores de Danubio Fútbol Club, otro club histórico de Montevideo. Allí cambió su posición de mediocentro por la de central. Una transformación imprescindible en su carrera futbolística y que llevaría a lo más alto al joven Giménez. A pesar de la adaptación y seguridad que tenía en su nuevo equipo, la distancia con el lugar de entrenamiento se volvió un problema para un joven que venía de una familia muy humilde. Su padre se levantaba a las cinco de la mañana para ir a trabajar y a las seis de la tarde volvía del trabajo para llevar a su hijo de 16 años a entrenar. Una distancia de 40 kilómetros que a veces le tocaba hacer en dos autobuses, 55 minutos por trayecto como sacrificio para conseguir su sueño.

Giménez estuvo a punto de retirarse

El sacrificio constante terminó pasando factura al futbolista. En un primer momento se planteó cambiar de equipo e irse a uno más cercano a su domicilio. Incluso en una ocasión estuvo a punto de dejar el fútbol. Un día le comentó sus pensamientos a su entrenador en aquella época, Daniel Martínez. El propio central uruguayo recuerda que el técnico estaba fumando y cuando le explicó su caso, tiró el cigarro y le dijo: “Amigo. ¿Usted que tiene en la cabeza?”. Una frase a la que siguió una posterior charla de media hora que hicieron entender al futbolista que su vida estaba unida al mundo del fútbol.

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En 2012 se encontraba jugando en Cuarta División de Uruguay. Ese año le llegó su ansiada recompensa. El 10 de noviembre, el entrenador del primer equipo de Danubio, José Ramón Carrasco, apostó por el joven central para el partido frente a Central Español Fútbol Club. Su primera convocatoria terminó convirtiéndose en la de su debut en Primera División saliendo del banquillo y disputando la segunda parte. Una primera incursión en el Torneo Apertura de la liga uruguaya a la que le siguieron otros cuatro partidos más, todos ellos como titular.

Al comienzo de 2013, coincidiendo con el Torneo Clausura, se quedó sin disputar los tres primeros partidos de competición. Sin embargo, al final de la temporada llegó a disputar once partidos, nueve de ellos como titular. A mitad de la temporada, la selección uruguaya sub-20 le convocó para disputar un partido frente a Chile. El mismo día que tenía que viajar con Uruguay, su representante le llamó para comunicarle que en cuatro horas tenía que coger un avión con destino Madrid. El 24 de abril, con tan sólo 18 años, Giménez llegó a la capital para pasar el reconocimiento médico.

Inicios en el Atlético de Madrid

Antes de volver a pisar Madrid, el central uruguayo viajó con la selección sub-20 de su país a Turquía para disputar el Mundial. Su primera competición internacional en la que ayudó a Uruguay a salir subcampeona. Su rendimiento le llevaría un poco más tarde a participar con la selección absoluta bajo las órdenes del seleccionador Óscar Tabárez, haciendo su debut el 10 de septiembre frente a Colombia. Desde entonces se ha convertido un fijo en las convocatorias. De hecho, es el futbolista uruguayo más joven de la historia en disputar una Copa del Mundo, con 19 años y 149 días disputó el Mundial de Brasil de 2014.

A pesar de llegar al club rojiblanco para formar parte del filiar, Diego Pablo Simeone lo hizo debutar el 14 de septiembre en la temporada 2013-14 frente a la UD Almería en el Vicente Calderón. Una primera temporada muy dura para un joven de 18 años que había llegado a España dejando atrás a su familia. Incluso el propio futbolista ha reconocido que perdió cinco kilos esa campaña por la dura adaptación. A pesar de ello, colectivamente vivió un sueño, ya que el equipo conquistó la Liga y quedó subcampeón de la Champions League.

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La temporada 2014-15 tuvo una gran repercusión en la trayectoria del central. Tras disputar tres partidos en su primer año, en su segunda campaña en el club rojiblanco consiguió disputar 28 encuentros en todas las competiciones. Un gran paso personal para seguir subiendo escalones en su corta vida futbolística. El siguiente paso tuvo lugar en la temporada 2015-16. En esa ocasión disputó 37 encuentros, 35 de ellos como titular. Un gran año personal y colectivo, ya que el equipo volvió a llegar a la final de la Champions League, además de quedar tercer clasificado en la competición local.

La ansiada regularidad

La temporada 2016-17 fue un regreso a la irregularidad del jugador desde su llegada a la disciplina colchonera. Disputó 29 partidos, con 23 titularidades entre todas las competiciones. En la presente temporada ha conseguido de nuevo la regularidad necesaria para un futbolista con una gran proyección a sus 23 años. A estas alturas de competición, ya ha disputado 30 partidos, uno más que en todo el año anterior.

Las bajas de Stefan Savić y Lucas Hernández han sido elementos trascendentes en la elección del técnico, ya que no tenía más efectivos en esa zona. Giménez ha afirmado en algunas ocasiones que “si no juego, tendré que buscar oportunidades en otro lugar”. Unas declaraciones en las que matizó que se sentía feliz en el club colchonero pero que un futbolista con su edad tenía que disputar minutos para seguir creciendo.

Su rendimiento en los últimos años ha sido un ingrediente importante en la solidez defensiva desde la llegada de Simeone. Un gran nivel que ha tenido que demostrarlo jugando en diferentes posiciones del terreno de juego, dando muestras de su polivalencia. El uruguayo ha disputado la mayoría de sus minutos como central, pero también ha jugado de mediocentro y lateral derecho.

Giménez tiene contrato hasta 2020 con el club rojiblanco y su cláusula de rescisión es de 65 millones de euros. Con su proyección su nombre está en la agenda de los equipos más poderosos del continente. No es de extrañar, ya que estamos hablando de uno de los mejores jóvenes defensas de Europa. A pesar de los cantos de sirena que le llegan, su compromiso con el Atlético de Madrid es total. El aguerrido uruguayo está empeñado en triunfar con la camiseta rojiblanca y quiere seguir aprendiendo de Diego Godín, que mejor maestro para un joven aprendiz.

 

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