David Villa; el hombre que conquistó al Calderón en una temporada, por...

David Villa; el hombre que conquistó al Calderón en una temporada, por @antonturan

No es una semana cualquiera. Desde hace unos días, el fútbol sonríe un poco menos. David Villa, el máximo goleador de la historia de España y uno de los grandes nombres del fútbol español, cuelga las botas.

Y lo hace tras un largo recorrido, por diversos equipos, con hasta catorce títulos en la buchaca. Pero el fútbol es mucho más que eso; es sentimiento, es emoción. Y ahí, el “Guaje” puede presumir de haber logrado un título muy especial: el haberse ganado a toda la afición del Atlético de Madrid en, tan sólo, una temporada en el club.


Corría el verano de 2013 cuando el equipo del “Cholo”, tras una temporada exitosa donde había logrado una Supercopa de Europa contra al Chelsea, una Copa del Rey frente al eterno rival (en su feudo), y tras haber alcanzado el tercer puesto en la Liga, sufría un duro revés: el “tigre” Falcao, el delantero de los 70 goles en dos temporadas, el hombre que había elevado a los rojiblancos un escalón más, convirtiéndose en uno de los mejores “nueves” de Europa (sino el mejor), abandonaba la disciplina colchonera y ponía rumbo a Mónaco.

Desde ese momento, todos los medios comenzaban a especular y especular acerca de quién podría ser el elegido para recoger el testigo del colombiano: desde Negredo hasta Soldado, pasando por Dzeko, Burak Yilmaz y llegando a sonar hasta un tal Jackson Martínez. Muchos eran los posibles candidatos, pero pocos fueron los periodistas y medios de comunicación que se acercaron al fichaje. Pocos, por no decir casi ninguno.

No sería hasta el 8 de julio, en medio de esa tormenta de especulaciones y nombres, cuando el Atlético de Madrid diese la sorpresa en forma de fichaje bomba: el elegido para lucir el ‘9’ por la ribera del Manzanares no era otro que, para muchos, el mejor delantero español de todos los tiempos: David Villa. El máximo goleador en la historia de la selección nacional, con 58 goles, era el elegido por Simeone y José Luís Pérez Caminero para hacer olvidar al colombiano. El “guaje” firmaba por una temporada con opción a dos más, a cambio de 5,1 millones divididos en 2.1 el primer año, 2 en el hipotético segundo, y 1 en el tercero.

Villa llegaba de ganarlo todo como jugador azulgrana, con un gran rendimiento en su primera campaña (gol en la final de Champions incluido) que se tradujo en 23 goles y 5 asistencias. Su segunda temporada, sin embargo, estuvo marcada por una grave lesión de tibia que le apartó de los terrenos de juego, y en su tercera no contó demasiado para Tito Vilanova. Por ello, la propuesta rojiblanca y el propio Simeone entusiasmaron y convencieron al asturiano desde el primer momento, que llegó a bajarse el sueldo a los seis millones para que la economía rojiblanca no quedase damnificada.

Sin embargo, en esta operación había un factor que algunos consideraban de riesgo: el estado físico del “guaje”. Las pocas oportunidades con el Barça después de la gravísima lesión de tibia, unido a su edad y al precio del fichaje (muy bajo tratándose de un jugador con ese caché y esa calidad), hacían dudar a algunos de la condición física del asturiano. Nada más lejos de la realidad, pues a la primera de cambio, esas dudas quedarían desterradas y el nuevo “crack” empezaría a deleitar y enamorar a su nueva afición.


La primera duda era el puesto y el rol que iba a ocupar el “guaje” dentro del esquema del “Cholo”, pues, pese a sus altísimas cifras de goles, no venía de jugar como un delantero centro al uso; en el Barça lo hacía de extremo o, en contadas ocasiones, de falso 9. Y ahí entraba Diego Costa, el nueve brasileño que había terminado la temporada anterior con unas cifras realmente buenas: 10 goles en Liga, 2 en Europa League y 8 en Copa del Rey, con gol en la final. Simeone, que ya había dejado caer en varias ocasiones lo mucho que confiaba en el potencial de Costa, lo tenía claro: dentro de su 4-4-2, la dupla Villa – Costa podría funcionar de maravilla, con el español jugando por detrás del brasileño. Calidad y potencia a partes iguales.

Toda la ilusión, afecto y pasión que despertaba el español desde su llegada, parecía indicar que club y jugador estaban hechos el uno para el otro. La trayectoria, el carisma y, sobre todo, la calidad que atesoraban sus botas, deleitaba y encadilaba a una afición que veía en el asturiano su nueva estrella, una afición orgullosa de ver a un jugador de esa dimensión y esas características portando la rojiblanca. Ya dejaría claro en su presentación que el sentimiento era mutuo, pronunciando estas palabras finales: ​”Estoy muy feliz y muy contento desde el día que se anunció el fichaje. Más atrás incluso, desde el día en que todos los dirigentes del Atlético se pusieron en contacto con mis representantes. Me hicieron llegar el cariño que quizás necesitaba, Me hicieron ver lo importante que era para ellos que vistiera esa camiseta”, añadía. “Para mí es un honor ser de un club tan grande como éste. Prometo dejar la piel en cada partido por ser el mejor David Villa ​y hacer a este club más grande. Me dejaré la vida por este escudo y por esta camiseta. ¡Viva el Atlético de Madrid!”

Villa, como no podía ser de otra manera, comenzaría con buen pie su nuevo desafío, debutando con gol en un amistoso frente a las Palmas. No se haría de rogar el primer tanto oficial, que llegaría ya en el siguiente compromiso: la ida de la final de la Supercopa de España frente al Barça. Casualidades de la vida. Como todo colchonero recordará, una contra rápida y fulgurante en el minuto 12’ de partido terminaba con Arda Turan poniéndola desde la banda para que el “guaje” fusilara, con una volea imparable, la meta de su ex – equipo. El asturiano corría emocionado hacia el frente sur para celebrarlo con su nueva afición. Sólo un partido en su nueva casa y ya había quedado demostrada esa comunión entre jugador y afición, ese cariño recíproco tan especial. Parecía que Villa llevase grabado, desde el primer momento como rojiblanco, ese lema de ​coraje y corazón.

La ida terminaría con empate a unos y por desgracia, o más bien, por el doble valor del gol como visitante, el Barça acabaría llevándose ese título después del 0 – 0 de la vuelta. Sea como fuere, ese Atlético de Simeone apuntaba maneras; las sensaciones eran prometedoras.

El debut goleador del guaje se produciría en la tercera jornada, en la victoria por 2 goles a 1 frente a la Real Sociedad. Como todos recordarán, tras una pared con Diego Costa, el ‘9’ se llevaba el rechace de la defensa y, demostrando su excelsa calidad, definía de cucharita por encima del portero. Golazo y, a la postre, tres puntos de oro.

La temporada siguió su curso y el crack colchonero, a base de goles, calidad, derroche y sacrificio, fue encandilando y enamorando a toda la afición rojiblanca. Una afición no siempre fácil de contentar (mírese el caso de Raúl García) que se rendía a sus pies. Pero no sólo causaba admiración a orillas del Manzanares, pues esa dupla Villa – Costa iba sorprendiendo y ganándose la admiración del mundo del fútbol, a medida que pasaban los partidos, a medida que el Atlético iba demostrando que era temporada de lograr algo grande.

El “Guaje” era todo calidad: tacones, amagos, regates en seco, controles imposibles… Cómo no recordar esa finta, ya marca la casa, cambiando la bola de un pie al otro tras realizar un amago de tiro, para dejar sentado al contrario. Finta, por ejemplo, que le servía para romper a Cedric Mabwati y fusilar por la escuadra para anotar el tercero en aquel inolvidable 5-0 frente al Betis, después de haber hecho ya el 2-0 con un remate de cabeza a centro de Filipe Luis.

Porque a todas esas características, hay que sumarle ese olfato, ese instinto de gol innato, ese que le había hecho triunfar en todos sus equipos y que ahora podian disfrutar todos los colchoneros. Cómo olvidar, por ejemplo, aquel doblete al Celta en Balaídos; un partido donde faltaban Godín, Arda Turan y Costa, y que servía para colocarse líderes provisionales. Cómo olvidar aquella volea de zurda en un 4-2 frente al Almería. Muchos momentos, muchos goles, mucha experiencia al servicio del equipo. La emoción con la que celebraba los goles, siempre hacia ese fondo sur que tanto cariño le había dado desde el principio, era sólo equiparable a la que sentían esos hinchas colchoneros cuando anotaba.


Pero el Villa que vimos en el Atlético no fue el Villa que estábamos acostumbrados a ver. Convertido en un guerrero, un soldado del “Cholo”, demostrando ese gen que muchos dicen que hay que tener para triunfar aquí, el entrenador argentino lo pulió, lo modeló a su gusto; dándole libertad en esos tres cuartos de cancha y creando esa dupla letal con Diego Costa.
Pudimos disfrutar de un segundo punta con una capacidad enorme para bajar un poco, detectar la zona libre e incrustarse entre el centro del campo y la defensa rivales, participando en el juego y combinando desde ahí con Arda, Koke… siempre compenetrándose y aprovechándose del trabajo de su socio brasileño (el encargado de fijar los defensas y quedarse con el último hombre). Desde ahí, el asturiano rompía cualquier línea o automatismo, jugando al primer toque, realizando paredes o cambios de juego rápidos, pases al hueco… y llevando las contras de su equipo con peligro y rapidez. Un segundo punta que, impregnado de “cholismo”, no se cansaba de trabajar y dejar todo en el campo por el equipo.

Como todos saben, la temporada terminó de forma exitosa, con cierto sabor agridulce por la final de Champions perdida, pero exitosa. Los colchoneros lograban en la última jornada, en el Camp Nou, el título de liga. Un título más que merecido, por el que habían estado trabajando toda la temporada, dejándose la piel ​partido a partido​, sin dejar de creer en ningún momento. El “guaje” contribuyó a ese título con 13 goles y 4 asistencias, pero más allá de eso, con todo ese trabajo y experiencia puesta al servicio del equipo.

Porque, finalmente, el asturiano defendió con orgullo y honor ese escudo, como prometiera meses atrás en aquella presentación. Ese orgullo, ese sentimiento con el que celebraba el título de liga tras el pitido final. Esa sonrisa especial, esa emoción. esa inmensa sensación de haber conseguido algo que parecía imposible. El “guaje” saltaba al grito de “campeones, campeones”, sabiendo, probablemente, que ya era un atlético más. Que ese fondo sur que se ganó desde el primer momento, ese ​coraje y corazón, ​ese lema de ​nunca dejes de creer​, quedarían para siempre grabados en su corazón.


Y así lo transmitía en su despedida. Porque, a pesar de contar con la opción de renovar con los colchoneros, había recibido desde Estados Unidos una de esas ofertas irrechazables, sobre todo para el futuro de su familia. Una de esas ofertas a las que no se le puede decir que no. La afición rojiblanca recibía y entendía la noticia con tristeza, pero con un orgullo enorme por lo que había significado ver al “guaje” de colchonero. Antes de marcharse, el crack que había puesto el Calderón a sus pies, en sólo una temporada en el club, decidía despedirse de forma personal de toda esa afición que tanto cariño le había brindado. ​”Para mí ha sido una experiencia muy positiva, no sólo en lo deportivo, sino en lo personal, en lo familiar. Me he encontrado una familia muy buena, tanto en el vestuario como en la comunión con la afición, como el club. Esto ha superado todas las expectativas. Voy a guardar el recuerdo de este año toda mi vida”. ​Para concluír, declaraba: ​”tengo que decirles a los aficionados que hoy tienen un seguidor más del Atleti. Seré del Atleti toda mi vida portodo lo que me ha dado este año. Disfrutaré desde la lejanía, y en un futuro desde la cercanía, de los éxitos de este club y de las cosas buenas que merece”
Pese a haberlo ganado todo, David Villa siempre podrá presumir de tener un título más, el más especial: haber conquistado al Calderón en una temporada. Gracias por todos esos goles, y sobre todo, por entender y sentir como tuyo lo que significa el Atlético de Madrid, desde el primer momento. Gracias, “guaje”.

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