Adrián López; calidad asturiana en el Vicente Calderón

Adrián López; calidad asturiana en el Vicente Calderón

Corría el verano de 2011 cuando la directiva del Atlético de Madrid, encabezada por José Luis Pérez Caminero, echaba su red para reforzar el ataque sobre un chico asturiano para muchos desconocido, pero que había demostrado su calidad en A Coruña: Adrián López. En aras de armar una plantilla competitiva que pudiese ilusionar a toda la parroquia colchonera, con nombres como Gabi, Falcao, Diego Ribas o Arda Turan, el jugador de 23 años aterrizaba con el cartel de incógnita. 

El asturiano firmaba a coste cero, después de que un juez de arbitraje hubiese fallado a su favor dejando sin efecto la renovación unilateral del delantero por parte del Deportivo de la Coruña, donde había anotado la temporada anterior 8 goles en Liga y 4 en Copa, jugando por detrás del punta. Asimismo, llegaba tras haberse proclamado con la selección española campeón de la Eurocopa sub’21 disputada este verano en Dinamarca, resultando el máximo goleador del campeonato con cinco goles.

De esta manera, el joven delantero comenzaba a ganarse a la afición desde muy pronto, cuando en su presentación como nuevo jugador rojiblanco confesaba que “cualquier jugador quiere ir a un grande, y el Atlético lo es”. Con el dorsal ‘7’ estampado en su nueva camiseta y una sonrisa de oreja a oreja, la aventura de Adrián en el Atlético empezaba. Y en el horizonte, el primer desafío: la fase previa de Europa League. El conjunto dirigido en aquel entonces por Gregorio Manzano no tardaría mucho en comenzar su “liguilla” particular.

Así, el debut de Adrián con la elástica rojiblanca se produciría el 28 de julio de 2011 en el partido de ida de la tercera ronda de clasificación de la UEFA Europa League, finalizando el encuentro con una victoria atlética por dos a uno. Adrián participó en los dos goles dando sendas asistencias a José Antonio Reyes. En la vuelta, se cambiarían los papeles, logrando Adrián su primer gol en competición europea a pase de Reyes. El partido finalizó con victoria rojiblanca por cero a dos, consiguiendo el pase a la cuarta ronda del torneo.

A los pocos días, debutaba en Primera División en el empate a ceros ante Osasuna. Su primer gol en Liga no llegaría hasta dos jornadas después, en el encuentro ante el Racing de Santander. Adrián había entrado al campo en el descanso sustituyendo a Diego y, en el 77’, anotaba su primer gol para poner el cuatro a cero definitivo. A partir de ahí el asturiano se asentaría como indiscutible, jugando por detrás del colombiano Radamel Falcao, con el que se entendía a la perfección. Con una calidad al alcance de pocos, Adrián era el encargado de conectar el centro del campo con la delantera, a veces un poco más escorado a banda para que Diego Ribas pudiese jugar por dentro. 

Sus principales características eran la velocidad, el ‘dribbling’, una enorme capacidad de asociación y una gran visión de juego, además de una excelente definición de cara a portería. Sin miedo a regatear y amagar a uno, dos o tres jugadores, para acabar sentando al portero y definir a puerta vacía, como aquella eliminatoria en Hannover y las posteriores palabras de Cerezo con humor: ¡si no lo mete, lo mato!. Goles de ese calibre pudo disfrutar el Vicente Calderón.

Esa primera temporada la parroquia rojiblanca pudo gozar, sin lugar a dudas, de la mejor versión de la carrera de Adrián López. Jugando por dentro, por fuera, controlando de espuela, realizando bicicletas… el asturiano ponía su calidad al servicio del equipo, creando una gran dupla con Falcao. Bajando a recibir y descargando a banda, rompiendo líneas… las actuaciones de Adrián lo pusieron en boca de todos, hasta ir convocado por Del Bosque. Un jugador que había llegado a coste cero y estaba dando un rendimiento muy por encima de las expectativas. Además de toda esa calidad, el Calderón pudo disfrutar de un gran olfato goleador, que se tradujo a final de temporada en 19 goles y 8 asistencias. Casi 20 goles sin jugar de ‘9’.

Especialmente determinante fue en la Europa League, donde acabó con 8 tantos (más los tres de fase previa). En el partido de vuelta de cuartos anotó ante el Hannover 96 el famoso golazo que le convirtió, en solitario, en el rojiblanco que más tantos había anotado durante una misma temporada en un torneo europeo con 9 goles. Su gol significó el momentáneo cero a uno de un partido que finalizó por uno a dos dando el pase a los rojiblancos a la semifinal por un global de cuatro a dos. 

En el partido de vuelta de las semifinales de la Europa League ante el Valencia, Adrián anotó un nuevo gol que le convirtió en el jugador español que más goles ha anotado en una temporada en competiciones internacionales (hasta la actualidad). Su gol certificó la victoria del Atlético por cero a uno y el pase a la final por un global de cinco a dos. En la final, el 9 de mayo de 2012, consiguió su primer título con el conjunto rojiblanco proclamándose campeón de la Europa League al vencer por tres goles a cero al Athletic Club de Bilbao. Cabe destacar la mejora experimentada, como todo el equipo, con la llegada del ‘Cholo’.

Velocidad, regate, visión de juego y mucha clase. Estos pueden ser los atributos que mejor definan a un jugador que, tras una primera temporada brutal y sólo 24 años, estaba llamado a hacer grandes cosas de la mano del ‘Cholo’ en las siguientes campañas. Su segundo título llegaría poco después, al ganar la Supercopa de Europa frente al Chelsea, campeón de la Champions League. En dicha final, el Atlético de Madrid se proclamó campeón al vencer al equipo inglés por cuatro goles a uno. Adrián fue titular y asistió a Falcao en el minuto 6 para que anotara el cero a uno. 

Sin embargo, como es sabido, en las siguientes temporadas el asturiano no lograría rayar al nivel de antaño. En la 2012 – 2013, Adrián comenzó la temporada físicamente un escalón por debajo de sus compañeros debido a su participación en los Juegos Olímpicos, que junto al gran nivel mostrado por Diego Costa acompañando a Falcao y la irregularidad en el juego, lo fueron relegando a un segundo plano. Pese a esto, dejaría destellos de calidad y cuatro goles que sirvieron para resolver algunos partidos, además de proclamarse campeón de Copa del Rey en el feudo del eterno rival, contando con minutos en la prórroga.

Cuando muchos auguraban una salida del asturiano en el verano de 2013, llegando a hablarse de un supuesto acuerdo con el Mónaco supeditado a que el club rojiblanco encontrase sustituto, el delantero permaneció finalmente en la disciplina rojiblanca, renovando en diciembre hasta 2018. Pese a disputar una primera vuelta totalmente a la sombra de Villa y Costa (ambos un nivel impresionante), la constancia, profesionalidad, y la confianza del ‘Cholo’ en él hicieron que diera un paso al frente en la segunda vuelta. Suya fue la asistencia a Koke, después de un disparo a “quemarropa” que se estrellaba en el travesaño de la portería de Valdés, para sentenciar los Cuartos de Champions frente al Barça.

Suyo fue aquel gol en Stamford Bridge que quedará en la retina de todo atlético, remachando a gol un centro de Juanfran tras una espléndida apertura de Tiago. Girándose, dirigiéndose a la afición rojiblanca totalmente desatada en aquel hueco del estadio y señalándola con una mezcla de rabia y felicidad. Sólo él sabe lo que sintió en ese momento. Quizás rabia, evocando esa primera y espectacular temporada que no logró repetir. Quizás orgullo y honor, al conocer que podía haber sido su último gran servicio a la causa rojiblanca. Ese orgullo de pertenecer al Atlético que transmitió en cada entrevista, en cada celebración. Ese orgullo del ‘Cholo’ en la banda al ver que su “invento” había dado resultado.

En cada foto de los primeros triunfos de la era Simeone aparece Adrián López. En primer plano o en segundo plano, pero en todas. Un futbolista que demostró una calidad y potencial descomunales el primer año que por los motivos cuales fueran no consiguió mantener. Algunos lo achacan a la irregularidad, otros al poco carácter… lo que está claro es que un jugador que había llegado libre, casi como un desconocido, acabó siendo fundamental en los primeros títulos de la era Simeone. 

Y, como yo, habrá muchos que se hayan quedado con las ganas de seguir viendo su mejor versión. La mejor versión de un jugador que, pese la irregularidad en el tiempo, logró, aunque sólo por un año, poner el Calderón a sus pies. 

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