Atleti B 2 – 0 Real Madrid Castilla: El derbi de bronce...

Atleti B 2 – 0 Real Madrid Castilla: El derbi de bronce se tiñó de rojiblanco; por @antonturan

Un tanto de Valera y otro de Poveda dejan el triunfo en el Cerro. Buena primera mitad y otra segunda no tan buena, pero eficaz. Va por ti, Agustín.

El Cerro del Espino fue testigo del gran derbi, versión categoría de bronce, entre un Atleti B de Nacho Fernández, segundo, con tres victorias seguidas y realizando el mejor arranque del siglo, y el Castilla de Raúl González Blanco, que en los últimos partidos podía presumir, tras un mal arranque de temporada, de una mejora en el juego y en los resultados, ya que venía de empatar nada más ni nada menos que contra el líder y de ganarle al Oviedo B. Con una parte para cada equipo, fue la calidad y efectividad de los hombres de arriba del conjunto rojiblanco la que decidió el partido.

Antes de comenzar el encuentro se producía, sin duda alguna, la noticia del día, más allá de victorias, y más allá de cualquier cosa: el segundo técnico de Nacho, Agustín Vara, supo que había ganado la batalla al cáncer en la previa del derbi, y así se lo hacía saber a los chavales antes de saltar a la cancha. Todo el mundo era consciente de que esa victoria debía ir por él. 

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El once elegido por Nacho y Vara lo formaban: Conde; Ricard, Mejías, Álvaro García, Manu Sánchez; Toni Moya, Sanabria, Germán Valera, Cedric; Óscar y Darío Poveda. Como vemos, entraba Valera en lugar de Riquelme; posiblemente como premio a su gran rendimiento en los últimos partidos. También regresaba al once Toni Moya, capitán, alma y motor de este equipo. Lo hacía en lugar de Carro. Por su parte, Raúl salía con: Belman; Guillem, De la Fuente, Javi Hdez.; Fran García, Martín, Blanco, Fidalgo, Gelabert; Jordi y Pedro. 

El derbi de filiales empezaba con el Atlético llevando la iniciativa y presionando arriba a los blancos. Pronto avisaría Cédric, con un disparo desde el perfil izquierdo que se iba fuera. Pero 4 minutos después, en el 9’ de partido, Germán Valera realizaba una sensacional jugada individual en la que se iba hacia dentro, encaraba a todo el que le saliese al paso hasta zafarse de tres adversarios y, finalmente, batía a Belman con un zarpazo ajustado a la escuadra izquierda. Impresionante. El golazo era una muestra de su gran estado de forma.

No sentaba nada bien ese gol inicial al Madrid, que pese a irse hacia arriba, no lograría contabilizar ningún tiro a puerta en la primera mitad. El conjunto de Nacho tenía totalmente controlado el partido, replegado y esperando a cazar alguna a la contra. Las dos ocasiones más claras serían para Poveda, con un tiro que, ya próximo el intermedio y con todo a favor, no acertaba a concretar porque el remate se le quedaba corto. Antes del descanso, Valera tenía que salir renqueante para que ingresase en el campo Riquelme.

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La segunda parte comenzó de manera muy distinta, con un Castilla decidido a buscar el empate (previa charla/bronca de Raúl en el descanso) y aumentar considerablemente el ritmo del partido. Con este guión, ya pronto avisaron los madridistas en una triple ocasión, con una gran jugada personal de Gelabert que terminaba estrellando el balón en el travesaño, el tiro al rechace de Jordi que despejaba Manu Sánchez bajo palos, y el posterior testarazo de Pedro, a portería vacía, que se va ligeramente desviado. Respiraba aliviada la grada del Cerro. 

Minutos después, en un contragolpe conducido por Cedric con pase al hueco para Riquelme, éste se plantaba ante Belman pero la ocasión se iba al limbo cuando el meta atrapaba el disparo. Clarísima. En el 55’, Toni Moya, con ese guante en el pie derecho, estrellaba un saque de esquina directo en el larguero. A nada del gol olímpico. 

En el 60’, Diego Conde atajaba de primeras un disparo de Blanco, y cuatro minutos después hacía lo propio con otro tiro, esta vez de Javi Hernández. Entre medias, Ricard se tenía que retirar lesionado del terreno de juego; lo sustituía Medrano.  El conjunto de Raúl, llegando a los minutos finales, decidió volcarse arriba, y a punto estuvo de conseguir la igualada por mediación de Pedro, pero el gol era anulado por clara falta al portero.

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Pero el Castilla, al estar tan volcado arriba, se olvidó de quién era su rival y dejó huecos atrás. Huecos como el aprovechado en aquella ocasión por Cedric y Riquelme, que no acertara a materializar. Huecos, como el que usó Darío Poveda en el 90’ para sentenciar el partido tras una contra de fábula. El ariete alicantino, tras un balón a la espalda de la defensa, se plantaba ante la portería de Belman y, con tranquilidad, batía al meta madridista para anotar el segundo y cerrar el partido. El delantero y el resto de componentes del conjunto rojiblanco corrían emocionados hacia el banquillo para fundirse en un abrazo con Agustín y el resto del cuerpo técnico. Lo habían conseguido. El derbi se quedaba en casa.

9 partidos seguidos invicto, con 7 victorias y 2 empates. Impresionante lo de estos chavales. Nacho Fernández puede estar orgulloso, la racha continúa. Y no sólo la de Poveda, con 9 goles en 9 partidos. Continúa la racha de un equipo que, de momento, no deja de soñar. Y así seguirá. 

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