Diego Forlán, por @borjajimenezd

Diego Forlán, por @borjajimenezd

Las gradas del Vicente Calderón no han vuelto a ver a alguien así. Un delantero de los que les quema el área, que prefieren ver la portería de lejos y a los defensas delante de él. Un delantero que con cargar la pierna asustaba a la zaga rival, y con razón. Un pura clase, un mago, un genio y el eterno siete del Calderón. Un dorsal que no ha vuelto a tener una percha igual, y eso que Griezmann promete, y mucho. “¡Uruguayo!, ¡uruguayo!”, era el saludo del Calderón; y el gol, el saludo de Forlán a la grada. No hubo ninguna temporada de las cuatro que vivió en la ribera del Manzanares en la que no anotara en absolutamente todas las competiciones que disputaba el Atleti. Marchó en la 2011/2012 tras una pobre campaña de cara a puerta rumbo a Milán, al Inter. En Italia apenas rindió y el siguiente verano probó suerte Brasil, en el Internacional, club en el que pasó un par de años en los que anotó veintidós goles. Fue entonces cuando decidió emprender una aventura de lo más exótica destino Japón, al Cerezo Osaka, donde permaneció durante otros dos años más anotando diecinueve tantos. Su idilio con el gol no ha terminado y esta campaña la ha comenzado vistiendo la camiseta del Peñarol, equipo que le formó y, a sus treinta y seis castañas, ha comenzado como un tiro: dos goles en seis partidos. Y es que Forlán, es sinónimo de gol.

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