José Antonio Reyes, por @borjajimenezd

José Antonio Reyes, por @borjajimenezd

Amor y odio. Su pasado sevillista, pero sobre todo madridista, equipo al que dio una Liga, no fue buen currículum para jugar en el Vicente Calderón. Su técnica y su velocidad eran bien conocidas por todos, pero su pasado, en la ribera del Manzanares, fue algo que le costó quitarse de encima y que, quizás, nunca llegó a borrar. Del Atlético de Madrid se fue prácticamente de la mano de Quique Sánchez-Flores y, probablemente, en su peor momento como rojiblanco en el más estricto sentido goleador. Marcó goles muy importantes, como en la final de la Supercopa de Europa ante el Inter de Milán, y ni en sus mejores momentos contó para Vicente del Bosque, algo incomprensible. Logró cambiar los pitos por aplausos, y lo cierto es que, pese a la temporada que marchó, lo dio todo en el Atlético de Madrid. Cuando ha vuelto al Calderón, su paso ha causado indiferencia con una pequeña mezcla de pitos y aplausos. A sus treinta y dos años, vive una segunda, o tercera, juventud. Irregular como muchos, pero bueno como pocos, vive por fin su sueño: jugar la Champions con el equipo de su vida, el Sevilla.

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