Moyá.

Moyá.

Antes de encarar los cuartos, una de las dudas del Cholo estaba en la portería. ¿Oblak, su portero titular, frontón que todo lo devuelve? ¿O Moyá, aquel que siempre, siempre, siempre había cumplido perfecto, impecable? Fue Moyá. La eliminatoria cambió para siempre en el minuto 80 de la ida, con ese palmeo hacia dentro de un centro de Navas por la derecha que tocó en Lucas, y se envenenó, pero se iba fuera. Emborronaría un partido hasta ese momento soberbio del portero del Atlético, que había salvado un mano a mano ante Joaquín Correa y sacado un balón a la escuadra de Escudero. Pero todo acabó ahí. En el minuto 80, con el viento de cola empujando al Atleti, gol de Costa, se hizo un autogol y el Atleti comenzaría a bajar la rodilla en los cuartos, aunque aún quedasen por jugar cien minutos. Y cuatro goles que recoger de su red. El segundo sería en la misma ida. Los tres siguientes ayer. No tuvo grandes paradas, tampoco graves errores. En el segundo pudo volver a voltear toda la eliminatoria, adivinando adonde le enviaría Banega el penalti. Se lanzó a su izquierda, la base del poste, pero llegó tarde. Le faltó medio dedo, media uña, para detenerlo. En dos partidos encajó cinco goles, tres menos que Oblak en los 19 de la primera vuelta de la Liga.

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